Capitanes de Arecibo | Baloncesto

Un mago fuera de época…

Una foto: momentos gratos, anécdotas; pasarela de recuerdos que llegan a la mente. Retratos de los héroes del tabloncillo que sentaron las bases a lo que hoy es la industria del BSN. 

Cuatro de los grandes en la historia de los Capitanes de Arecibo: Héctor Blondet (17) junto a al gigante de ébano Bill McCadney (7), el rubio maravilloso Jaime Frontera (11) y el alcalde de la Magallanes Víctor Cuevas (6); en blanco y negro como el periodismo de la época, sin gráficas ni colores, pero con sustancia y profundidad…

La foto de 1972, que también tiene a Regino Santos (16), me abrió el apetito e hice acopio de la memoria, de mis experiencias con Blondet: único, visionario, majestuoso, incomprendido en Arecibo y de vanguardia…

En 2006, a los 59 años, Blondet se fue sin avisar. Muerte súbita, silenciosa; a destiempo, pero así son los magos: expertos en el arte de la ilusión y el desaparecer. Un fulminante ataque cardiaco le privó de seguir cruzando el balón entre las piernas, de producir relampagueantes pases, tomar precisos tiros desde el lateral derecho.

Tuve la dicha de apreciar su carrera cuando era yo un novato en la radio deportiva. Tiempo de crudeza y rebeldía en mi interior, con un talento dado por Dios para escribir y comentar sin todavía refinar las destrezas de la profesión. Un potrito indomable con potencial, lleno de inquietudes y desenfreno…

Foto Mauricio Pascual Héctor Blondet abrió la puerta al básquetbol rentado en Puerto Rico. Adelantado a la época.

Vienen a mí las escenas de juventud con olor a sudor y apatía, a la esencia de Punta Brava y los bares de la época; de la vellonera en la Magallanes con la salsa de Barreto y Richie Ray, del CRA (Colegio Regional de Arecibo) en Buenos Aires, de los tenis Adidas blanco y el afro abultado: el mío siempre ñameao a lo Don King.

En ese tumulto personal se produjo la controvertible llegada de Blondet a los Capitanes. Su arribo fue paralelo a mi bautizo en WCMN, de mis primeros artículos en el semanario Impacto de Delfín Leiva y también como anunciador local en el Parque Luis Rodríguez Olmo.

El vínculo con Pirulo Nora, gerente del 1280 AM, y por las frecuentes visitas de Blondet a la emisora me permitieron gozar de cierta amistad, con distancia, cautela y una barrera de misterio entre ambos…

Yo era un chamaco de 17 años, pretencioso y volátil, a punto de graduarme de la Superior María Cadilla, pero ya con un programa de radio en WMIA, gracias eternas a Roberto Raíces. Blondet era una estrella en ciernes e igual que yo poseía un carácter a veces pujante y explosivo, siempre directo y sencillo. Y ambos estábamos usualmente a la defensiva, aunque no se mostrara de esa manera.

Foto de Víctor Cuevas/Alberto Serra Capitanes 1972 con Rudy D’Amico de dirigente. Foto suministrada.

Crecí en el comentario deportivo observando al Mago e imitando sus pases en la improvisada cancha en la Placita de Buenos Aires donde jugadores como Conejo Rosas, Arnaldo Piñeiro, Noel Martin y Stevie Figueroa se curaban con nosotros en los consabidas 31; a cocotazo limpio, sin quejarnos y donde la ley del más guapo prevalecía.

Blondet fue tan singular y creativo como polémico. Complejo y mítico en los albores del básquet rentado. Sin saberlo, sentó las bases para la revolución económica en favor del jugador; algo parecido a Curt Flood y Andy Messersmith en el béisbol.

¿Quién no recuerda el negocio de la Cantina (concesiones) como parte de su contrato? O cuando el apoderado José López Román le suspendió por el torneo de 1975 tras una álgida discusión antes de su fichaje y el anuncio se hizo en medio de la cancha durante la inauguración. Debates que le marcaron y forzaron su salida al siguiente año a Río Piedras. Allí se unió a Butch Lee, Roberto Vigil, Earl Brown, Freddie Lugo y Pipo Rivera para formar una maquinaria en ruta al título en debut con los Cardenales. 

Blondet selló el cetro de 1976 con un gancho contra el tablero para una victoria impresionante, 76-74, en el juego decisivo en el Coliseo Pachín Vicéns.

Foto C En Munich, Blondet el mejor anotador Puerto Rico con promedio de 16.66 puntos por juego.

Su muerte, irónicamente, le tocó en el 30 aniversario de aquella noche, de sus 23 puntos frente a los Piratas de Quebradillas, y el éxtasis de su único campeonato en Puerto Rico,

El juego lo presencié junto a Frankie Hernández Jové. Nunca lo olvido, pues al regreso por Isabela el ex alcalde recién fallecido se quedó dormido al volante y perdió momentáneamente el control de auto. Gracias a Dios que nada pasó; de lo contrario hoy no podría relatarlo. ¡Tremendo susto!

Sin querer, Blondet acrecentó la eterna rivalidad entre Capitanes y Piratas, ya que en Arecibo perjuraban que el  ́Mago de la Cancha ́ era el mejor jugador de la época. Sin embargo, en la Guarida se comenzaba a tejer la leyenda de Raymond Dalmau; el más completo que he visto sobre un tabloncillo. Una controversia que nunca concluirá…

Héctor lo hacía todo fácil, suave, sin prisa aparente, era radical e imaginativo, diferente; un malabarista del básquetbol con un certero tiro a distancia, una visión de cancha que le distinguía y mucha malicia e inteligencia en el rectángulo. Cuando quería, nadie, ni siquiera Raymond, impedía un canasto en el uno contra uno. Era un NBA en una isla que imitaba la enebeá sin la idea corporativa de ésta.

Foto El Nuevo Día La controversia de los 70. ¿Quién era mejor entre Blondet y Raymond Dalmau? Aún perdura el tema.

La gran diferencia entre Raymon y Héctor era una de liderazgo y defensa; ahí el Pirata le aventajaba. El Cóndor del Guajataca condujo a Quebradillas a cuatro títulos, ganó tres veces el premio de MVP y gardeaba con frenesí. Blondet nunca logró ubicarse en ese sitial ante su estilo de juego; demasiado adelantado al tiempo, uno de fantasía y juego alegre; un Globetrotter de la vida… 

Lejos del criterio o preferencia, Blondet es a mi juicio el jugador más dinámico e ingenioso que haya vestido la camiseta de Capitanes, así como fue César Fantauzi con los Piratas. Es posible que yo esté prejuiciado, pues hubo afinidad y simpatía por la gracia y despliegue del número 17 de Arecibo.

Los pases por la espalda y de sorpresa alimentaron a Vitito Cuevas, McCadney, Frontera, Elket Forbes y Salvador Santiago en decenas de juegos. 

En cinco años con Capitanes tuvo media de 21.3 Pts., 9.8 rebotes y 3.7 asistencias en 107 partidos. Su mejor campaña fue en 1974 con 752 puntos, 302 capturas y 113 asistencias. Sus estadísticas en el Baloncesto Superior las encuentran en https://www.bsnpr.com/jugadores/jugador.asp?id=872&e=

Blondet es parte de mi equipo Todos Estrellas en la historia de la franquicia junto a McCadney, Frontera y Jim Maldonado. Añada usted el quinto en el cuadro histórico. No está fácil el asunto, aunque lo prefiero por épocas para no herir susceptibilidades.

Pachy Rodríguez | Capitanes de Arecibo | Baloncesto Equipo Nacional Puerto Rico – Olimpiadas 1972 Munich.

La contribución del Mago para PUR está plasmada con brillo y orgullo. Panamericanos de Cali donde se conquistó medalla de plata, en el sexto lugar en la fatídica Olimpiada de Munich en 72 y el oro registrado en Centrobasket de 1973. 

No obstante, como entrenador nunca alcanzó la gloria. Era notable el vacío generacional y la ausencia de conocimiento sobre sus ejecutorias. En la cúspide de su carrera, los atletas que dirigía nunca le vieron en jugar; sabían de él por referencia o leyenda; nada más. 

Archivo Como dirigente Blondet no se sentía a gusto en Arecibo. Los jugadores sabían de su leyenda, pero pocos les vieron jugar.

En el 2000 la gerencia de Capitanes le contrató como Coach y se creó todo un circo para presentarlo. Llegó en lancha al Muelle de Arecibo, juntos a par de modelos y los gerenciales Pancho Padilla y Regino Babilonia. El lenguaje corporal delataba cómo se sentía, pero era el precio a pagar al aceptar la encomienda… 

La mezcla y el resultado fueron funestos. Los Capitanes deambularon en cancha sin propósito ni intensidad lo que causó su despido. Fue triste y agonizante verle en las líneas para ganar sólo uno de once partidos. “Debo irme, no me siento a gusto con esto”, me dijo horas antes de renunciar.

La aventura de dirigir le dejó un sabor amargo; tema que tocamos la última vez que conversamos en la Casa Olímpica. Allí recordamos su carrera en el uniforme amarillo y la abrupta salida de la franquicia. Después de eso no le vi jamás…

Blondet hizo magia hasta el final. Desapareció a lo Houdini en la oscuridad y silencio nocturno pero dejó un legado que aún, a trece años de su partida, una mera foto apela a su grandeza sobre el tabloncillo y evoca a la rebeldía de mi juventud…